Una pareja sentada en los extremos de un sofá de noche, cada uno mirando su móvil, con un vigilabebés encendido entre los dos

Desde que tenemos hijos ya no somos pareja: por qué pasa y cómo recuperarla

October 13, 2026

Cuando llegan los hijos la pareja casi nunca desaparece de golpe, lo que ocurre es que va bajando puestos en la lista de cosas importantes hasta que un día os dais cuenta de que funcionáis muy bien como equipo y de que, como pareja, hace tiempo que no os veis.

Puede que lo estés pensando con estas mismas palabras, «desde que tuvimos al niño ya no somos pareja, somos padres», y puede que sientas a la vez culpa por echar de menos otra cosa y rabia porque nadie te avisó de esto. Les pasa a ellas igual que a ellos, y es mucho más habitual de lo que parece, porque casi nadie lo dice en voz alta mientras tiene un bebé en brazos.

Spoiler: lo que suele separar a una pareja después de un hijo es que la relación se queda sin hueco en la agenda, bastante antes que una falta de cariño, y por eso la herramienta más útil de todo este artículo es una poco romántica y muy práctica, el calendario.

Por qué la pareja cambia tanto después de tener un hijo

Antes de hablar de lo que se pierde conviene reconocer lo que se carga, porque tener un hijo es una responsabilidad enorme y te cambia la vida por completo. Hay que reajustar todo, el sueño, el trabajo, el dinero, las salidas y la casa, y sobre todo en los primeros años casi todo gira en torno a una personita que os necesita prácticamente para todo, a cualquier hora y sin posibilidad de negociar.

Por eso, cuando una pareja llega a sesión en esta etapa, lo primero que hacemos es empatizar con ella, porque sin eso nada de lo que venga después se puede oír. Vuestro cansancio es real, la sensación de ir desbordados es real y no significa que lo estéis haciendo mal.

A eso se suma el sueño. Cuando se duerme mal el cuerpo produce más cortisol, la hormona del estrés, y eso nos vuelve más irascibles y más vulnerables a los dos, con menos recursos para gestionar cualquier problema del día. Así que muchas de las discusiones de esta etapa hablan más de las horas que lleváis sin dormir de un tirón que de lo que sentís el uno por el otro.

Y no sois una excepción. Un estudio que siguió durante los primeros ocho años de matrimonio a 218 parejas (Doss, Rhoades, Stanley y Markman, 2009, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology) encontró que, de media, la calidad de la relación baja de golpe tras el nacimiento del primer hijo, que esa bajada es de tamaño pequeño o medio y que suele mantenerse en los años siguientes. Es un promedio y no una ley, hay parejas que lo atraviesan mucho mejor, pero sirve para saber que, si os pasa, lo más probable es que sea el efecto del cambio de etapa y no la señal de que vuestra relación esté rota.

Los primeros meses, los roles tienen que estar muy marcados

Durante los primeros seis meses, y en muchos casos hasta el año, la labor de los dos es darle al bebé todo lo que necesita, y eso incluye estar cada vez que llora, apoyaros y turnaros sin llevar la cuenta de quién ha hecho más esa noche. En esa etapa ella suele estar especialmente vulnerable, por el cuerpo, por las hormonas, por el sueño y porque hay un bebé que depende de ella para casi todo, y ahí la labor de él es sobre todo estar muy cerca de ella y protegerla.

Protegerla significa, por ejemplo, ocuparse de lo que ella ahora mismo no puede, filtrar las visitas y las opiniones que no ayudan, cuidar de que descanse cuando se pueda y preguntarle cómo está ella, y no solo cómo está el bebé. Para eso él tiene que dejar casi todas sus propias necesidades a un lado durante un tiempo, porque su pareja lo necesita y porque el bebé lo necesita. Cuesta, y conviene decir que cuesta, pero tiene todo el sentido que en este momento los roles estén muy marcados, siempre que sea durante una etapa y no para siempre.

Si en vuestro caso el reparto es otro, la lógica es la misma, quien está más vulnerable necesita que la otra persona se coloque a su lado y deje sus necesidades en segundo plano durante un tiempo.

Lo que se complica es que el modo emergencia, que en los primeros meses es lo que toca, se quede puesto cuando ya no hace falta, y que lo que era una fase acabe convirtiéndose en la forma de vivir.

Cuando la emergencia pasa y la pareja sigue en el último lugar

Con el tiempo hay que ir recuperando ingredientes que son importantísimos para no perder la intimidad, porque evidentemente queremos seguir teniendo pareja, y tenemos nuestras necesidades, y hay que encontrar la forma de proporcionárnoslas. Pero lo que suele pasar es que la lista de prioridades se ordena sola, primero las responsabilidades y las obligaciones, luego todo lo que necesita el niño o la niña, luego el trabajo, ir a ver a la familia y los recados, y la pareja, la intimidad, acaba en el último lugar, como si fuera lo menos importante.

Imagina una noche cualquiera, a modo de ejemplo. El niño por fin se ha dormido, los dos os dejáis caer en el sofá cada uno con su móvil y pasa media hora sin que nadie diga nada que no sea logística, qué hay mañana, quién lo lleva, que se ha acabado la leche. Uno piensa en proponer algo, ver una serie juntos o preguntarle al otro cómo está, y se siente rarísimo, casi torpe, proponiendo una cita en su propio salón, así que lo deja para otro día. Ese otro día no llega, y el tiempo se va sin que ninguno de los dos haya decidido que fuera así.

Lo que se va apagando es justo lo que hace que seáis pareja y no solo socios, la conversación que no es logística, el contacto sin segunda intención, el reíros de algo que solo entendéis vosotros, y cuando se dan cuenta muchas parejas llevan años viviendo como compañeros de piso, algo que contamos en somos como compañeros de piso. ¿A que no te lo esperabas, que lo más difícil de recuperar sea justo lo pequeño que se dejó de hacer?

Lo que hay que ir recuperando

No hablamos solo de sexo, aunque también, y de eso hablamos en ya no tenemos sexo, por qué se apaga el deseo. Hablamos de poder escucharos, de compartir cosas que no sean del niño, de hablar de vosotros y de salir de la dinámica habitual, y eso, sí o sí, hay que encontrar la forma de que ocurra. Estos son los ingredientes que más se pierden.

  • Tiempo a solas, sin pantallas y sin logística de por medio. Aunque sea poco, pero con los dos presentes de verdad.
  • Conversaciones que no sean sobre el niño ni sobre la casa. Cómo estás tú de verdad, qué echas de menos, qué necesitas ahora que no necesitabas antes.
  • Contacto físico que no tenga que acabar en nada. Un abrazo largo, una caricia, un beso al despediros que no sea de trámite.
  • Algo que hagáis juntos y que os guste a los dos. Un hobby, un deporte, una serie, un paseo, lo que sea mientras sea vuestro.
  • Salir de la rutina. Aunque sea una hora fuera de casa, porque cambiar de escenario cambia de qué habláis.
  • Atender las pequeñas ofertas de conexión. John Gottman observó que las parejas que duran son las que responden cuando el otro les ofrece algo pequeño, un comentario, una mirada, un «mira esto», y con un bebé en casa esas ofertas se pierden por cansancio sin que nadie lo decida.
  • Un rato para cada uno por separado. Porque cada persona tiene sus propias necesidades, deporte, amigos, silencio, y llegar vacío a la relación no ayuda a nadie.

Una pareja funciona como una empresa

Nosotros hacemos mucho esta comparación porque una pareja funciona igual que una empresa, y en una empresa nadie deja lo importante para cuando haya un hueco. En el trabajo tenemos calendarizadas las reuniones que importan, la revisión de objetivos, la reunión con el cliente clave, y no nos las perderíamos porque no podemos perdérnoslas. Y sin embargo la reunión más importante de nuestra vida, la de la pareja, la dejamos para el último hueco de la semana, que casi nunca llega.

Por eso hay que usar el calendario, aunque suene poco romántico, y meter dentro todo lo que os importa para no perderlo de vista, porque si no acabáis perdiéndoos de vista vosotros mismos y eso es algo que no se puede permitir una pareja que quiere seguir siéndolo.

Qué meter en el calendario

Conviene que lo escribáis con día y hora, como cualquier otra cita, y que sea poco al principio y realista.

  • Un rato semanal de pareja. Una cita fuera de casa si podéis, o en casa con el niño dormido y los móviles lejos.
  • Un rato diario para hablar. Que no sea de logística, aunque sea corto y aunque sea con el café.
  • Una reunión de logística aparte. Un momento a la semana para repartir tareas y organizar la agenda, para que eso no se coma todas las conversaciones del día a día.
  • Una actividad juntos de forma periódica. Ese hobby, ese deporte o esa serie que sea de los dos.
  • Una salida ocasional, aunque sea corta. Un paseo largo, una comida, una noche fuera si hay con quién dejar al niño.
  • Tiempo individual para cada uno. Con el mismo respeto con el que se defiende una reunión.
  • Una revisión de cómo estáis. Cada cierto tiempo, sentados, con una pregunta simple, qué nos está funcionando y qué echamos de menos.

Y una regla para que el calendario no se convierta en otra obligación que os pese. Lo que está en el calendario se defiende como se defiende una reunión importante y, cuando de verdad no se puede, se cambia de día y no se cancela. Fallar una cita es normal, lo grave es no volver a ponerla, porque como todo lo que se aprende esto necesita repetición, y una cita suelta no cambia nada mientras que la que se repite durante meses sí.

Cómo proponerlo sin que suene a reproche

Si eres tú quien lo ha notado antes, la forma de decirlo importa más que lo que dices. «Nunca tienes tiempo para mí» abre una defensa, y «te echo de menos y me gustaría que nos pusiéramos un rato a la semana» abre una conversación. Gottman lo llama arranque suave, y consiste en decir lo mismo hablando de ti y sin acusar.

Elige un momento sin prisa, que no sea a las once de la noche con el niño despierto ni justo después de una discusión, y si la respuesta es «no tengo tiempo», probablemente sea verdad, así que más que pedir más ganas lo que hace falta es poner el hueco entre los dos. Y si eres tú quien recibe la propuesta, antes de defenderte intenta escuchar lo que hay debajo, que casi siempre es «te echo de menos» dicho con torpeza.

Cuándo esto no basta

Si después del parto hay una tristeza intensa que no se va, una ansiedad que no deja descansar ni cuando el bebé duerme, llanto frecuente sin motivo, sensación de no conectar con el bebé o pensamientos oscuros, eso ya no es un tema de pareja ni de agenda, y conviene consultarlo cuanto antes con vuestro médico de familia, con la matrona o con un psicólogo especializado en el posparto. Nosotros no tratamos depresión ni ningún otro diagnóstico psicológico, y en esos casos lo primero es esa atención.

Y conviene saber que no solo le ocurre a ella. Un artículo publicado en la revista Clínica y Salud en 2020 (Caparrós-González y Rodríguez-Muñoz) recoge que la depresión posparto paterna puede llegar a afectar hasta al 25 % de los hombres tras el nacimiento de su bebé, que en España no se conoce su frecuencia, y que entre sus rasgos están reprimir la tristeza, el agobio y las emociones de abandono y de olvido, de modo que si eres tú quien está al lado y notas algo de esto, también te merece la pena pedir ayuda.

Si además hay control, amenazas o violencia de cualquier tipo, esto deja de ser un tema de agenda y pasa a ser un tema de seguridad, y lo primero es protegerte con ayuda profesional específica.

Por dónde empezar

Lo más sencillo es empezar por una sola cosa pequeña y ponerla esta misma noche en el calendario, antes de que se os pase. Una, la que os parezca más fácil. Si antes queréis saber en qué punto está vuestra relación, nuestro test de 25 preguntas es gratuito y se hace en cinco minutos, y os da un primer mapa de dónde estáis los dos. Y si lo que más pesa es que lleváis mucho tiempo así y no sabéis cómo salir, os puede ayudar llevamos años igual, el tiempo no arregla una relación.

Y quizá la pregunta que merece la pena llevaros hoy a la cabeza es cuánto tiempo hace que la reunión más importante de vuestra vida no está en el calendario. ¿Y vosotros, cuándo fue la última vez que os pusisteis a vosotros mismos en la agenda?

Esperamos que este artículo te haya ayudado a ver que lo que ha cambiado desde que llegaron los hijos tiene arreglo, y a devolver a la pareja un lugar que no sea el último de la lista.

Un abrazo muy fuerte,
Ana y Georgi

Este artículo tiene finalidad divulgativa y de bienestar. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individual.

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Ana Díaz García-Caro y Georgi Petrov

Ana Díaz García-Caro es psicóloga y psicoterapeuta, colegiada n.º M-27358, Psicóloga General Sanitaria, con más de 11 años de experiencia y formación en psicoterapia breve de pareja y en enfoque somático. Georgi Petrov es coach profesional certificado, con formación en PNL y team coaching y más de 1.000 horas de acompañamiento. Están los dos en cada sesión y han acompañado a más de 150 parejas.

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