Una persona sentada al borde de la cama de noche mira el móvil con la alianza puesta mientras su pareja duerme de espaldas

Divorciarse o seguir: cómo saber qué hacer con tu matrimonio

October 21, 2026•10 min read

Si estás leyendo esto, probablemente llevas semanas, quizá meses o años, con una pregunta que no se te va ni de día ni de noche, ¿me divorcio o sigo?, y puede que no se la hayas contado entera a nadie.

No te vamos a decir qué hacer, porque eso no se puede decidir desde fuera, pero sí queremos darte algo que puede ahorrarte meses de dolor y de darle vueltas a lo mismo sin llegar a ninguna conclusión clara. Primero vamos a poner palabras a lo que estás viviendo, porque casi todo el mundo que llega aquí cree que le pasa solo a él o a ella y no es así, y después te contamos las opciones que tienes de verdad, que son menos de las que parece y más claras de lo que se siente ahora mismo.

Spoiler: casi nunca se ha probado lo que de verdad hace falta probar antes de decidir, que es intentarlo de otra manera y no con más fuerza.

Lo que te pasa por dentro

Es posible que no te reconozcas en todo lo que sigue, pero sí en varias cosas. Son pensamientos que se repiten, a veces en bucle, a veces cuando menos te lo esperas.

  • «Ya no sé si lo quiero o si lo que me da es pena dejarlo.»

  • «Si me voy y me equivoco, ¿cómo me lo perdono?»

  • «Si me quedo y no cambia nada, ¿cuántos años más voy a aguantar así?»

  • «Hay días que estamos bien y pienso que exagero, y al día siguiente vuelve todo y pienso que no puedo más.»

  • «Si hubiéramos hablado de esto hace cinco años, quizá…»

  • «Yo ya lo he intentado todo, y no sé qué más se supone que tengo que hacer.»

  • «Aguanto por los niños.» Y, a la vez, «¿qué les estoy enseñando yo a ellos viviendo así?»

Y casi seguro hay otro pensamiento que no dices en voz alta, el de imaginarte la vida sin esa persona, y el de sentirte culpable en el mismo segundo por haberlo imaginado.

Debajo de esos pensamientos suele haber muchas emociones a la vez, y las que no pegan entre sí son las que más cansan. Cansancio, mucho, el de quien lleva demasiado tiempo sosteniendo algo sin saber si sirve para algo. Culpa, por dudar y por no haber sabido arreglarlo. Vergüenza, la de no querer contárselo a la familia ni a los amigos hasta tener claro qué vas a hacer. Miedo, a la soledad, al dinero, a la casa, a los niños, a equivocarte. Rabia, porque en algún momento esto no era así. Y, a veces, un alivio extraño solo con pensar que podría acabarse, seguido de una tristeza que no esperabas.

Es posible que te dé rarísimo mirar a la persona con la que vives y no saber lo que sientes por ella, que un día te dé ternura y al siguiente ganas de irte. Que vivas con un pie dentro y otro fuera, y que eso te deje sin energía para casi todo lo demás, incluso para decisiones pequeñas.

Todo eso acaba saliendo en lo que haces, porque cuando alguien lleva tanto tiempo con la duda el comportamiento se vuelve parecido en casi todas las casas. Observas a tu pareja buscando una señal de que ha cambiado o de que ya no va a cambiar nunca. Comparas tu matrimonio con el de las parejas que ves y siempre sales perdiendo, aunque no sepas lo que pasa dentro de las suyas. Buscas en Google a las tantas de la noche cosas como esta que estás leyendo. Haces cuentas mentales, de lo que costaría irte, de quién se quedaría con qué, de cómo se lo dirías a los niños si los hay. Aplazas la conversación, porque cada vez que se intenta acaba en lo de siempre. Y de vez en cuando haces un «último intento», una cena, un viaje, una charla larga, que ayuda unos días y después se desinfla, y cada desinflada deja la duda un poco más grande.

Nada de esto te hace débil ni quiere decir que no quieras lo suficiente, y tiene mucho más que ver con estar dentro de una decisión enorme sin ninguna herramienta para tomarla.

Lo que ya has intentado

Quizá hiciste terapia individual y te ayudó contigo, pero lo de casa siguió igual. Quizá probasteis una terapia de pareja y no conseguisteis los resultados que esperabais, y de eso hemos hablado en la terapia de pareja no nos funcionó. Quizá alguno de los dos está en terapia ahora mismo. Quizá incluso os separasteis físicamente una temporada y tampoco os funcionó, y sobre eso lo contamos en darse un tiempo en la pareja. Y por todo eso piensas que has probado todo.

Aquí es donde queremos decirte algo con cariño pero sin rodeos, y es que casi siempre no es así. Probar todo no consiste en picotear un poco de una cosa y otro poco de otra, ni en repetir lo mismo una y otra vez, que es lo que suelen hacer casi todas las parejas. Lo que se hace es hablar con más fuerza, con más intensidad, con más dolor y, sin querer, de peor forma, buscando una respuesta en el otro que no llega, y al no encontrarla se concluye que ya se ha intentado todo.

Y eso no quiere decir que hayas fallado tú, porque casi nadie nos enseñó cómo se intenta de verdad.

Qué significa intentarlo de verdad

Lo mínimo es comprometerte con un proceso de cinco meses, de forma continuada y con sesiones semanales, dándolo todo mientras dura, para comprobar de verdad si esto tiene solución. Y con un buen acompañamiento, porque lo que se necesita no es más información sobre lo que os pasa, que ya tenéis de sobra, sino alguien que os ayude a hacer cosas distintas cuando estáis dentro del conflicto y no fuera.

Hay una razón para los cinco meses. Cambiar una relación no depende solo de entender lo que pasa, depende de tener conciencia de cómo reaccionas, aprender una habilidad nueva, repetirla hasta que salga sin pensar y dejar de engañarte sobre lo que hace cada uno. Esa tercera parte, la repetición, no se puede acelerar, y por eso dos o tres sesiones dan para un alivio y poco más, y a las dos semanas llega la discusión de siempre y el alivio se cae.

No te prometemos que vuestra relación se salve, porque nadie puede prometer eso, y si alguien lo hace desconfía. Lo que sí se puede es salir de la incertidumbre.

Las dos únicas salidas buenas

Cuando una pareja se compromete de verdad con un proceso así, solo pueden pasar dos cosas. Una es que reconstruyáis, que cambien las bases sobre las que se sostiene la relación, la comunicación, la escucha, la capacidad de reparar después de una discusión, la intimidad. La mayoría llega muy desgastada, así que algunas parejas terminan con el vínculo completamente reparado y otras salen con un cambio profundo y todavía con camino por delante.

La otra es que decidáis separaros conscientemente, sabiendo exactamente qué pasó, qué intentó cada uno y dónde estaba su límite, con la conciencia tranquila de haberlo dado todo y sin esa duda que nunca se va de qué habría pasado si lo hubierais intentado de verdad.

Las dos son resultados, y las dos te sacan de donde estás. Lo único que no es un resultado es seguir esperando a que algo cambie sin hacer nada distinto, porque ese precio ya lo estás pagando, cada día, aunque no lo veas en ninguna factura.

Lo que no puedes permitirte mientras decides

Hay cosas con las que no se negocia, y la primera es tu salud, y la de tu pareja. Vivir meses o años en tensión, durmiendo mal, con el estómago cerrado, pasa factura al cuerpo, y eso no es una forma de decidir bien. La segunda, si hay hijos, es lo que aprenden de cómo os tratáis, porque aprenden mucho más de lo que veis que de lo que decís, y crecer viendo una relación en la que se grita, se calla o se castiga también enseña lo que es el amor.

Y lo que tampoco se puede es seguir destrozándose, seguir culpándose, seguir haciéndose daño, porque eso, llámalo como quieras, no es amor. Decidir si divorciarse o seguir es una cosa, y seguir así mientras se decide es otra muy distinta, y sobre la segunda sí tenéis margen desde hoy.

Qué puedes hacer esta semana

No hace falta decidir nada todavía, pero sí hay cosas pequeñas que cambian el terreno.

  • Ponle fecha a la duda. Una duda sin plazo se alarga años, así que decide cuándo vas a decidir, aunque sea dentro de unos meses y con condiciones, por ejemplo «cinco meses de proceso de verdad y después decido».

  • No decidas en caliente. Ni en mitad de una discusión ni a las tres de la madrugada, que es cuando todo parece definitivo y no lo es.

  • Cuéntale a tu pareja esta pregunta, sin acusar. Algo como «yo no quiero seguir como estamos y no sé si sirve de algo, ¿te apuntarías a intentarlo cinco meses de verdad antes de decidir nada?». Si te cuesta empezar esa conversación, en mi pareja no quiere ir a terapia hay ideas para hacerlo.

  • Cuida lo básico. Dormir, comer, moverte, y hablar con una persona de confianza que no juzgue, porque con el cuerpo agotado todo se ve peor.

Cuándo esto no aplica

Si en tu casa hay violencia física, la pregunta deja de ser si seguir y pasa a ser cómo estar a salvo, y para eso hace falta ayuda específica, no un proceso como este.

Si hay una tristeza intensa que no se va, ansiedad que no te deja dormir o pensamientos oscuros, habla cuanto antes con tu médico de familia o con un profesional de salud mental, porque nosotros no tratamos depresión ni otros diagnósticos y eso es lo primero. Y si uno de los dos ya ha decidido irse y no hay vuelta atrás, un proceso así no se puede hacer a la fuerza, porque el compromiso no se puede pedir prestado. Para lo legal, vivienda, custodia o dinero, lo adecuado es un abogado, que no es lo nuestro.

Por dónde empezar

Si antes de nada quieres saber en qué punto está vuestra relación, nuestro test de 25 preguntas es gratuito y se hace en cinco minutos, y te da un primer mapa de dónde estáis los dos. Y si quieres entender mejor la pregunta de fondo, ¿mi relación tiene solución? explica cómo saberlo y cuándo no la tiene, y ya no siento nada por mi pareja habla de cuando lo que se ha apagado es lo que sientes tú.

Si queréis que lo miremos juntos, reservad una llamada de 15 minutos, sin coste, por teléfono o por videollamada. Vemos en qué punto estáis, os explicamos las dos fases con las que trabajamos y resolvemos vuestras dudas sobre los próximos pasos.

Y quizá la pregunta que merece la pena llevarte hoy a la cabeza es qué decisión tomarías si supieras con certeza que lo has intentado de verdad. ¿Y tú, qué serías capaz de probar durante cinco meses antes de contestarte?

Esperamos que este artículo te haya ayudado a ponerle palabras a lo que estás viviendo y a ver que tienes más opciones de las que parece, y que lo único que no se puede es quedarse en medio haciéndoos daño.

Un abrazo muy fuerte,
Ana y Georgi

Este artículo tiene finalidad divulgativa y de bienestar. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individual.

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Ana Díaz García-Caro y Georgi Petrov

Ana Díaz García-Caro es psicóloga y psicoterapeuta, colegiada n.º M-27358, Psicóloga General Sanitaria, con más de 11 años de experiencia y formación en psicoterapia breve de pareja y en enfoque somático. Georgi Petrov es coach profesional certificado, con formación en PNL y team coaching y más de 1.000 horas de acompañamiento. Están los dos en cada sesión y han acompañado a más de 150 parejas.

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