
Infidelidad emocional: qué es, señales y por qué duele tanto
Una infidelidad emocional se vive como una infidelidad de verdad porque lo que se rompe es el lugar que ocupabas en la vida de la otra persona, y para romper eso no hace falta que haya existido ni un solo beso.
Puede que seas tú quien nota que algo ha cambiado y no sabe ponerle nombre, o puede que seas tú quien ha empezado a hablar con alguien de una manera que no te atreves a mirar de frente, y esto les pasa a ellas igual que a ellos. Las dos situaciones están más cerca de lo que parece, y las dos se resuelven mal cuando la conversación se queda en si «cuenta» o «no cuenta» en lugar de ir a lo que de verdad está pasando.
Spoiler: lo que más duele de una infidelidad emocional suele ser lo que el mensaje deja ver, quién era la primera persona a la que acudía el otro cuando algo le pasaba, mucho más que el mensaje en sí.
Qué es una infidelidad emocional
Hablamos de infidelidad emocional cuando una persona de la pareja construye con alguien de fuera una intimidad que debería pertenecer al vínculo de pareja, las confidencias, la vulnerabilidad, la complicidad, esa sensación de que alguien la entiende como nadie, y lo hace ocultándolo o poniendo a esa persona por delante de su pareja, con o sin contacto físico.
La terapeuta de parejas Shirley Glass, que dedicó años a estudiar la infidelidad y lo recogió en su libro Not Just Friends, describe que muchas de estas situaciones empiezan como una amistad en la que dos personas se cuentan cada vez más, y que cuando se dan cuenta ya han cruzado una línea que nadie decidió cruzar. Según su descripción, para llegar a una aventura hacen falta tres ingredientes, que son la intimidad emocional, el secreto y cierta química sexual, y en la infidelidad emocional los dos primeros ya están aunque el tercero todavía no haya aparecido, o puede que no aparezca.
Infidelidad emocional o amistad, dónde está la línea
Dónde está la línea depende en buena parte de lo que cada pareja haya pactado, y casi ninguna lo ha pactado en voz alta. Ya lo contamos al hablar de la confianza en la pareja, cada persona tiene su propia definición y ninguna de las dos la ha puesto encima de la mesa, y con la fidelidad pasa exactamente lo mismo. Hay quien vive como una traición que su pareja le cuente a un compañero de trabajo algo que a ella no le ha contado, y hay quien lo ve normal y se sorprende de que alguien se enfade. Ninguna de las dos posturas está mal por sí misma, lo que da problemas es que cada uno actúa según una regla que el otro no conoce, y esas reglas invisibles, que nadie dijo en voz alta ni negoció, duelen como una traición en el momento en que se rompen.
Ahora bien, que la línea cambie de una pareja a otra no significa que todo valga. Hay tres cosas que suelen estar presentes cuando algo se ha cruzado, con independencia de lo que hayáis pactado.
Lo que antes se compartía contigo ahora se comparte con otra persona, sobre todo lo que cuesta contar, el miedo, el cansancio, la duda, la ilusión.
Hay secreto o una versión recortada, porque lo que se vive con naturalidad se cuenta con naturalidad.
Esa persona ocupa el lugar de primera llamada, la que se entera antes que tú de lo bueno y de lo malo.
Hay una pregunta que sirve para comprobarlo con bastante honestidad, ¿lo contaría igual si mi pareja estuviera delante?
Y conviene aclarar algo que se pasa por alto, tener a alguien con quien hablar de verdad fuera de la pareja es sano y descarga el vínculo, porque una pareja que tiene que cargar con todo lo emocional de los dos acaba sobrecargada. El problema aparece cuando esa persona empieza a sustituir el lugar de la pareja y cuando todo eso se esconde.
Señales de infidelidad emocional
Antes de la lista, un aviso. Ninguna de estas señales prueba nada por sí sola y casi todas tienen explicaciones inocentes, lo que sirve es el conjunto, el tiempo que llevan ahí y sobre todo lo que ocurre cuando las hablas. Tampoco las ponemos para que te conviertas en detective, porque revisar el móvil de tu pareja casi nunca calma, ya que lo que buscas es una certeza y un móvil no te la da.
1. Aparece una persona nueva en las conversaciones, o desaparece una que salía mucho. Un nombre que antes no estaba empieza a salir con frecuencia y con admiración, o al revés, alguien que salía cada día deja de mencionarse de golpe justo cuando tú has empezado a preguntar.
2. Te cuenta menos a ti. Antes eras la primera persona a la que acudía cuando algo pasaba en el trabajo, con su familia o con su ánimo, y ahora te enteras después o no te enteras. Hablar con alguien es una forma de respirar, y cuando esa respiración empieza a ir a otro sitio, en casa se nota un silencio que antes no estaba.
3. Cambia la actitud con el móvil. La pantalla boca abajo, las notificaciones silenciadas, una sonrisa que se apaga cuando te acercas o una conversación que se cierra antes de que veas nada. Todos tenemos derecho a la privacidad y por sí solo esto puede no significar nada, lo que importa es el cambio respecto a cómo era antes.
4. Las respuestas llegan recortadas. Preguntas con total normalidad con quién habló o qué tal le fue y recibes una versión parcial, o una reacción defensiva que no corresponde a la pregunta. Lo que suele llamar la atención es la proporción, porque una pregunta pequeña recibe una reacción grande.
5. Te comparan sin nombrarte. Frases como «es que ella sí me entiende», «con él se puede hablar de esto» o «nadie me escucha como…». No llevan tu nombre, pero llevan una comparación, y tú eres con quien se compara.
6. Esa otra persona recibe la mejor versión. Más humor, más curiosidad, más ganas de estar disponible, esa energía extra que se tiene al principio de cualquier vínculo y que a ti te llega ya cansada. Al principio de una relación todos damos nuestra mejor cara, y uno de los signos de un vínculo estable es que ya no hace falta actuar para gustar, así que cuando alguien vuelve a actuar delante de otra persona y deja de hacerlo contigo, algo se ha movido.
7. Pasas a un segundo plano. Planes, decisiones o noticias importantes que te llegan después que a esa persona, o que ni siquiera te llegan.
8. Cuando lo mencionas, la conversación se desvía hacia ti. «Estás celosa», «te lo montas en la cabeza», «eres muy insegura». A veces tiene una parte de verdad, pero cuando es lo único que recibes y nadie pregunta qué es lo que te hace sentir así, tu inquietud se queda sin escuchar.
Cuando lo que se activa es tu herida y no la realidad
Aquí conviene ser honestos, porque el mismo cuerpo que avisa de un peligro real también se activa con peligros que son del pasado. Si en una relación anterior te engañaron, o si de pequeño aprendiste que las personas importantes prometían y no estaban, es posible que tu alarma salte con cosas que no tienen nada que ver con tu pareja de ahora. En las heridas de traición el patrón más habitual es controlar para no volver a vivirlo, con más celos, más preguntas y más necesidad de saber dónde está cada uno, sin que haya un motivo nuevo que lo justifique.
Dos preguntas ayudan a distinguirlo. La primera es si ha cambiado algo que se pueda describir con hechos en los últimos meses, o si esta sensación te acompañaba también en otras relaciones. La segunda es si, cuando lo has hablado con calma y con respeto, tu pareja ha podido escuchar lo que te pasa aunque no coincida con tu interpretación. Si la respuesta a la primera es que ya te pasaba antes, conviene mirar tu herida antes de acusar a nadie, y si la respuesta a la segunda es que no hay manera de hablarlo, eso ya es un dato por sí solo. Si quieres entender cuál es la tuya, el Mapa de las 6 Heridas en Pareja es el punto de partida para quien va solo.
Por qué se vive como infidelidad algo que no se ha consumado
Porque lo que se siente traicionado es el vínculo, y el vínculo no se mide en contacto físico. En pareja, bajo casi cualquier discusión hay una pregunta que nadie formula en voz alta, ¿estás ahí para mí?, ¿importo?, ¿puedo contar contigo? Es una de las ideas centrales de Sue Johnson en Abrázame fuerte y encaja con lo que vemos acompañando parejas. Una infidelidad emocional responde a esa pregunta de la peor forma posible, porque deja ver que cuando alguien tenía una necesidad, una pena o una alegría, la respuesta estaba en otro sitio.
Johnson y sus colegas llaman herida de apego a lo que ocurre cuando una persona viola la expectativa de que su pareja le dará consuelo y cuidado en un momento de necesidad. Lo describieron Johnson, Makinen y Millikin en 2001 en el Journal of Marital and Family Therapy, y lo más útil del concepto es lo que dicen sobre cómo funciona después, que ese episodio queda como la vara con la que se mide si el otro es fiable. Es un concepto general, sirve para cualquier abandono o traición en un momento de necesidad, pero describe con bastante exactitud lo que pasa dentro de quien descubre una infidelidad emocional.
A eso se suma algo muy concreto. Un vínculo emocional de pareja se nota en que eres la primera persona a la que acudo cuando algo me ha pasado, en que puedo mostrarme vulnerable contigo sin miedo a que me rechaces y en que no tengo que actuar para gustarte. La infidelidad emocional traslada justo esas tres cosas a otro sitio, y por eso quien la descubre siente que su lugar en la relación lo ocupa ahora otra persona, aunque nadie haya tocado a nadie.
Después está lo que hace el cerebro con eso. Lo interpreta enseguida como que no soy prioridad, que no me elige, que no estoy a salvo con esta persona, y esa lectura no pasa por la razón, porque por mucho que te digas que no es para tanto el cuerpo va por otro lado.
Y el secreto añade una segunda herida encima de la primera. Glass lo explica con una imagen que ayuda, la de los muros y las ventanas. En una pareja con buena salud hay un muro alrededor de los dos que los protege de lo que podría separarlos, y entre ellos hay una ventana abierta por la que se ve con claridad lo que hay, y en una aventura eso se invierte, el muro se levanta entre la pareja y la ventana se abre hacia la otra persona. Quien lo descubre no solo se entera de lo que ha pasado, también empieza a revisar el pasado, qué más no me han contado, cuántas veces estuve hablando de algo y ya existía esto.
Por eso el «no ha pasado nada» no consuela. Piensa en un caso muy habitual, se han leído unos mensajes inapropiados con otra persona sin que haya habido nada más, y quien los escribió se defiende con un «no pasó nada». Puede ser verdad y aun así deja a la otra persona sola con su dolor, porque contesta a una pregunta que nadie ha hecho. Lo que hace falta es algo parecido a «entiendo que te hayas sentido insegura y dolida, aunque no haya pasado más lo comprendo, entiendo el daño que te he causado y te pido perdón».
Por qué conviene cuidarlo tanto
Cuando hablamos de seguridad emocional en pareja nos referimos a poder hablar, discutir o llorar delante de la otra persona sin miedo a perderla. Es la base sobre la que se apoya todo lo demás, y cuando se tambalea ninguna técnica de comunicación se sostiene encima.
La confianza es lo que sujeta esa seguridad. Nosotros la definimos como las promesas que cumples, y una de las promesas más básicas de una pareja, casi nunca dicha en voz alta, es «tú eres mi lugar seguro y yo soy el tuyo». Una infidelidad emocional rompe esa promesa sin ninguna escena dramática, por acumulación y por omisión, y eso hace que muchas veces tarde en verse.
Cuando la seguridad cae pasa lo que contamos en la confianza en la pareja, el cuerpo no se relaja del todo ni en casa, la mente repasa conversaciones y cada gesto del otro empieza a leerse como una amenaza. Una pareja que vive así dedica casi toda su energía a vigilar y le queda poca para vincularse.
Y sin vínculo no hay intimidad de verdad, porque la intimidad necesita que me muestre vulnerable y nadie se muestra vulnerable ante quien no le da seguridad. Eso alcanza incluso al deseo. En lo que vemos acompañando parejas, el deseo necesita seguridad emocional y se apaga bajo la presión, algo que explicamos en ya no tenemos sexo, y a quien se siente sustituido emocionalmente le cuesta mucho abrirse también en lo físico.
Por qué aparece una infidelidad emocional
Explicar no es excusar, y conviene decir las dos cosas a la vez. Una infidelidad emocional pocas veces nace de que alguien busque a otra persona porque sí. Muchas veces nace de un vacío, de sentirse poco visto, poco valorado o poco escuchado en casa, y de encontrar fuera a alguien que lo hace sin esfuerzo, entre otras cosas porque esa persona solo conoce la mejor versión de quien tiene delante y no la de la logística y el cansancio. No siempre es así, hay quien cruza la línea sin ningún vacío detrás.
Una pareja que lleva meses en modo logística, como explicamos en somos como compañeros de piso, tiene el terreno abonado, pero eso no convierte en responsable a quien se quedó en casa. Cada uno decide qué hace con lo que siente, y nombrar lo que faltaba sirve para repararlo, no para repartir culpas.
Dónde suele aparecer
Casi siempre en lugares donde la confidencia es fácil y nadie la ve.
En el trabajo, con alguien que escucha cada día lo que en casa no llega a contarse.
Con una amistad antigua o con un ex, que conoce una parte de ti que tu pareja no conoce.
Por WhatsApp o por redes, donde una conversación puede ir creciendo sin que nadie la vea, en mensajes directos de Instagram, en grupos o en un contacto con quien se habla cada noche.
Con personas a las que ni siquiera se ha visto, porque la confidencia sin consecuencias se vuelve adictiva con una facilidad que sorprende.
Y en el nivel más pequeño están las llamadas microinfidelidades, gestos que por separado se defienden muy bien, un mensaje de buenas noches cada día, un «me gusta» constante, esconder que se sigue hablando con alguien. Ninguno es grave y juntos van gastando, igual que pasa con la confianza. Un buen termómetro es si cuesta contarlo, porque eso ya es información.
Cómo se cuida antes de que haya algo que arreglar
Hay cuatro cosas que ayudan mucho y que casi ninguna pareja hace mientras todo va bien.
1. Hablad de dónde está vuestra línea. Cada uno por separado, respondiendo a estas preguntas, y luego las ponéis en común. Es lo que hace falta para dejar de construir la casa sin planos.
¿Qué cosas vivirías como una traición aunque no hubiera contacto físico?
¿Qué te parece normal y qué no cuando hablas con alguien que te cae especialmente bien?
¿Qué contarías y qué no sobre esa persona?
¿Qué te gustaría que hiciera tu pareja si notara que se está encariñando con alguien?
2. Que las ventanas queden hacia vuestro lado. Glass propone dos cosas muy concretas, hablar de los problemas de pareja en casa y no mantener encuentros privados y regulares con la misma persona. Tener amistades es sano, lo que protege es que lo que pasa entre vosotros se hable primero entre vosotros.
3. Atended las pequeñas ofertas de conexión. John Gottman observó que las parejas que duran son las que se acercan cuando el otro les ofrece algo cotidiano, un comentario, una mirada, un «mira esto». Cada oferta que no se atiende deja un hueco, y los huecos son donde otra persona encuentra sitio con más facilidad.
4. Decidlo pronto, cuando todavía es pequeño. Si notas que alguien empieza a importarte más de la cuenta, contárselo a tu pareja da mucho vértigo, pero es lo que mantiene la ventana abierta. Y si eres tú quien nota algo en el otro, decirlo cuanto antes, sin esperar a tener pruebas.
Si eres tú quien lo nota
Empieza por lo que te pasa a ti y no por lo que crees que hace tu pareja. «Llevo un tiempo sintiendo que estoy en segundo plano y me gustaría hablarlo contigo» abre una conversación, y «te estás enamorando de tu compañera» abre una defensa. Gottman lo llama arranque suave, y consiste en decir lo mismo en primera persona y sin acusar. Elige un momento sin prisa, sin móvil delante y sin haber discutido hace una hora, y pide cosas concretas, más transparencia, que lo que pasa entre vosotros se hable primero entre vosotros, saber qué lugar ocupa esa persona, y no que desaparezca de su vida a la fuerza.
Fíjate en lo que ocurre después, porque da más información que cualquier mensaje. Hay quien se queda con tu dolor aunque no lo comparta del todo, y hay quien lo convierte en un juicio sobre ti. Lo primero abre camino, y lo segundo, cuando se repite, deja claro que esto no se arregla desde un solo lado.
Si eres tú quien tiene esa conexión
Si al leer esto te has reconocido en el lado de quien habla cada noche con alguien, lo más útil es no esperar a que sea más grande. Ponle nombre sin minimizarlo, algo como «esto es más de lo que estoy contando», y pregúntate qué te da esa persona que no estás recibiendo en casa, sentirte visto, valorado, escuchado, que te hagan reír. Esa respuesta no justifica nada, pero merece llevarse a tu pareja y no a la otra persona.
Después decide con honestidad qué vas a hacer con esa ventana, si abrirla hacia tu pareja, lo que significa dejar de ocultarlo y aceptar que el pacto hay que renegociarlo, o reducir el contacto hasta que pueda hablarse con naturalidad. Y si tu pareja ya se ha enterado, vuelve a lo que decíamos más arriba sobre el «no ha pasado nada», porque lo que tu pareja necesita en ese momento es que reconozcas el dolor antes que la defensa. No esperes a que sea sexual para tomártelo en serio.
Cuándo hace falta ayuda más allá de esto
Si cada vez que lo hablas lo único que recibes es que lo estás imaginando, que exageras o que el problema eres tú, y la situación sigue igual, estamos ante algo más que un malentendido y conviene que alguien de fuera os ayude a mirarlo. Y si en la relación hay además control, amenazas o violencia de cualquier tipo, esto deja de ser un tema de confianza y pasa a ser un tema de seguridad, así que lo primero es protegerte con ayuda profesional específica.
Por dónde empezar
Antes de decidir qué hacer con una sospecha o con una conexión que ya conoces, ayuda saber en qué punto está realmente la relación. Nuestro test de 28 preguntas es gratuito y se hace en cinco minutos, y os da un primer mapa de en qué punto estáis los dos. Si lo que has vivido va más allá de lo emocional, lo contamos en mi pareja me ha sido infiel.
Y quizá la pregunta que merece la pena llevarte hoy a la cabeza, antes que si lo que has visto cuenta como infidelidad, es qué lugar quieres ocupar en la vida de esa persona y qué lugar quieres que ocupe ella en la tuya. ¿Y tú, lo sabes?
Ana Díaz García-Caro es psicóloga y psicoterapeuta, colegiada n.º M-27358, Psicóloga General Sanitaria, con más de 11 años de experiencia y formación en psicoterapia breve de pareja y en enfoque somático. Georgi Petrov es coach profesional certificado, con 5 años de experiencia, formación en PNL y team coaching y más de 1.000 horas de acompañamiento. Entre los dos suman más de 15 años de experiencia profesional y han acompañado a más de 150 parejas.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y de bienestar. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individual.